Intercambios

El verde de los árboles se extiende hasta lo profundo de la tierra. Las raíces se esparcen orondas y dibujan todo tipo de estrellas. Cual telarañas se entrecruzan y conectan así todos los árboles del bosque.

-¿Qué miran? Piensa el árbol del sudoeste que cavilando con las manos en los bolsillos silba el canto de un pájaro que en sus ramas hizo un nido.

-No te estamos mirando, te estamos AD-mirando le responde un alerce joven…

Creciste tan fuerte, resististe todos los vientos del sur y las lluvias torrenciales del este, y aun así te mantuviste erguido y albergaste  8 nidos…

-8 nidos no- dijo el árbol del sudoeste- 12 nidos.

-Eran ocho hace 10 años cuando tu aún eras un retoño- le dijo con voz grave y protectora al alerce joven.

– Te contaré.

-Cuando aún no habías emergido de la tierra el bosque tenía otra forma.

Yo no era el único árbol del sudoeste.

Éramos 30 ó  casi 40. Yo estaba entre los preferidos de unas mariposas que llegaban todas las primaveras y también el preferido de las golondrinas de marzo.

En el tiempo que las ardillas se fueron para siempre,  sólo me convertí en un observador .

En realidad todos somos observadores. Observadores natos sólo que perdemos esa cualidad cuando comenzamos a sentir curiosidad por lo que desean los demás.

La capacidad de observar simplemente y sin prejuicio es lo más poderoso que todo ser vivo posee.

-¿Nada más?- preguntó algo irritado el alerce joven.

-Bueno…no es tan simple de explicar… Haz la prueba un día entre el otoño y el invierno preferentemente, notarás un deseo poderoso de solo, observar…quietud y reposo.

Las hojas pesan y las ramas cuelgan y se mecen relajadas… y entonces..

-Entonces, replicó el alerce realmente enojado… te estás poniendo aburrido!

Si, es posible.

-Entonces déjame recordar cuando la nube del norte se poso sobre mí durante todo un verano.

-Yo no lo recuerdo respondió el alerce.

– Nadie lo recuerda- Éramos solo ella y yo.

Hacia tanto calor y el viento era tan pesado y húmedo que los arboles casi todos, miraban para abajo.

Tal era el agobio que la nube del norte nos producía. Yo parecía ser el elegido y la padecí todo un verano.

Entonces, mientras el árbol del sudomaxresdefaulteste y el alerce joven ya amablemente conversaban, se poso en la punta del ciprés un águila dorada.

-Estoy cansado dijo.

Las horas pasaron y llego la oscuridad con sus costumbres inciertas.

Una parte del bosque se replegó, se entrego al descanso y a pasar la noche fría.

Y entonces otra parte del bosque, desde los minúsculos insectos hasta los impecables zorros se despertaron.

Asi siguió todo y tranquilamente en la profundidad del sueño verde oscuro del bosque,  ahora frio…  se durmieron, esperando que la luz los animase  nuevamente.

fotosíntesis diurna.
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10 comentarios en “Intercambios

      1. Y añado porque lo he releído………me enganchó el primer párrafo, lo de las raíces extendiéndose como telas de arañas para conectar el bosque entero debajo de la tierra………….éso me pareció fascinante.
        Suelo leer las cosas dos veces cuando me gustan porque en ocasiones puedes dejarte llevar por el momento, pero esto no es fruto del momento, el escrito es muy bueno, y ese primer párrafo me encantó, tal como recordaba cuando lo leí la primera vez.

        Le gusta a 1 persona

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